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Aunque los errores y los vulgarismos en un idioma hacen que este evolucione, La Real Academia Española de la Lengua vela porque estos cambios no sean sin sentido.

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Hoy quiero publicar un artículo sobre un tema que me declaro como la primera persona que debería tener más cuidado a la hora de hablar y escribir, porque las incorrecciones en el idioma hacen que este se degrade y pierda su pureza.

Sin embargo también he de romper una lanza a favor de ese idioma vivo que se habla en la calle, ya que si la gente, la que verdaderamente utiliza el idioma no como estudio académico sino como herramienta para pedir un kilo de lechugas en el mercado hace que con estas incorrecciones al final, el idioma evolucione.

Si hace 2000 años la gente hubiera sido escrupulosa con el tema idiomático no hay duda que en toda la cuenca mediterránea todos hablaríamos latín, ya que los idiomas como el Portugués, Español, Italiano, Francés… proceden de esta lengua común, pero que al final y después de 2000 años de incorrecciones, vulgarismos e influencias extranjeras han logrado convertirse en lo que son ahora, otros idiomas distintos con reglas distintas.

Pero cuidado, esto no quiere decir que esté bien hablar de cualquier manera para que evolucione el lenguaje. Este tiene que evolucionar de una manera controlada, creando palabras cuando sea necesario, giros que por causas sociales se implanten con fuerza en la sociedad, no que por moda un día a uno se le ocurra “un palabro” y ya automáticamente quede plasmado en la real academia de la lengua, porque sino haríamos catedráticos a la Belén Esteban y al Jesulín de Ubrique.

Estas semanas he tenido la suerte de estar viviendo en Valencia, una bonita región donde se habla valenciano, y esto me ha hecho pensar sobre la evolución de los idiomas, comprobando por ejemplo lo parecido que es en algunas cosas al castellano antiguo, aquel hablado en el siglo XV con unas fuertes influencias de lo que hoy es el francés, ya que muchas palabras son muy similares a las del idioma galo. Con ello medito y me doy cuenta de que sería incapaz de entender correctamente un texto de castellano de hace tan solo 500 años y pienso ¿Qué será del idioma dentro de otros 500 años? A lo mejor si dispusiéramos de una máquina del tiempo comprobaríamos que lo que por entonces se llama español es una jerga de castellano, ingles, catalán y chino, donde seríamos incapaces de entender nada, o por lo menos nada coherente, donde muchas palabras serían iguales pero habrían cambiado de significado, un ejemplo muy claro es el de la palabra ratón que mientras para un castellano parlante de los años 70 sería un animalito para uno del siglo XXI además de esto sería lo que ahora tengo aquí a mi derecha, que por cierto no tiene rabo a ser inalámbrico.

En fin, revisando un libro que por mis manos ha caído sobre las dudas e incorrecciones más habituales en el idioma de Cervantes hay algunas que me han llamado la atención, más que otras cosas porque me doy cuenta de lo mal que hablamos muchas veces y peor escribimos, quizás porque en esta sociedad tan estresada hemos llegado a no poner atención en algo que deberíamos prestarle algo más y son las humanidades, ya que una sobredosis de tecnocracia hace que el hombre se convierta en un autómata y sea cada vez menos un ser humano.

Un error muy común y que estoy cansado de escuchar en televisión inclusive a gente que debería considerarse erudita es la utilización incorrecta de los ordinales ¿y que son los numerales ordinales? Pues muy simple, cuando nos referimos a primero, segundo, tercero…. Noveno y décimo, hasta aquí las cosas van bien, pero cuando queremos referirnos a números ordinales superiores utilizamos INCORRECTAMENTE la forma onceavo, doceavo… quinceavo… y esto es erróneo, muy erróneo pero no solo desde el punto de vista lingüístico, sino desde el punto de vista matemático ya que “quinceavo” indica una fracción, es decir, “un quinceavo” es 1/15, mientras que cuando queremos hacer referencia al piso 15 se deberá decir decimoquinto.

Esta incorrección se hace bien patente a la hora de marcar “el piso 11”, que solemos decir “el onceavo”, cuando en realidad es el “undécimo”, y ya que decir para el piso 20 que la forma correcta es el vigésimo.

Así que sirva de recordatorio para todos (empezando por mí) de los números ordinales, de los cuales los diez primeros nos los sabemos todos al dedillo (del primero al décimo) pero luego tenemos:

Undécimo

Duodécimo

Decimotercero

Decimocuarto

Decimonoveno

Vigésimo

Vigésimo primero

Trigésimo

Cuadragésimo

Quincuagésimo

Sexagésimo

Septuagésimo

Octogésimo

Nonagésimo

Centésimo

Duocentésimo

Tricentésimo

Cuadrigentésimo

Quingentésimo

Sexcentésimo

Septingentésimo

Octingentésimo

Noningentésimo

Milésimo

Dosmilesimo

….

Aunque a lo mejor, con el paso de los siglos estos sean sustituidos por los “avos” y adquieran doble significado a día de hoy, esto es lo que hay.

Pericogonoperro

2 Responses to “Curiosidades lingüísticas”

  1. ZACARIAS dice:

    otra muy común es decir explosionar en lugar de explotar, derivando el verbo directamente del sustantivo explosión. Lo correcto es decir explotar. Y una que veo mucho a los madrileños es el laismo (la dijo, la di a…, cuando lo correcto es le dijo le di a….)

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