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¿Arte o salvajismo? la prohibición de los toros en cataluña es tachada por muchos de atentado contra la libertad, pero ese argumento no es válido ya que con el mismo argumento se podrían justificar las lapidaciones, el burka o la esclavitud.

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Mucho se ha debatido sobre el concepto de libertad y sobre si la verdadera libertad debe de tener límites. Filósofos desde hace siglos han intentado marcar límites a lo que verdaderamente no lo tiene, porque si entendemos libertad por hacer lo que a uno le venga en gana simplemente cualquier regla, cualquier ley, cualquier forma que no deje hacer al individuo lo que le plazca en cada momento es simplemente un atentado a esa libertad.

Pero está claro que esto no podría ser así, una sociedad civilizada necesita reglas, hasta las tribus más primitivas tenían sus reglas por las cuales estas “libertades sin freno” eran modeladas para adaptarlas a la convivencia de un grupo de personas, donde no valía el hacer las cosas por que a mi me de la gana, y se barajó otro término, libertinaje.

Libertinaje así grosso modo es simplemente esta libertad sin control, este “hago lo que me da la gana” y pataleo si alguna ley, regla o vecino me impide alegando mi derecho a la libertad sin tener en cuenta la libertad del vecino, un ejemplo claro, mi vecina tiene la “libertad” de poner su asqueroso bacalao a las 4 de la madrugada a todo volumen, está claro, es libre de hacerlo pero a mi y a todos los vecinos nos está pisoteando la libertad de dormir, y podría alegar que ella es libre de ejercer su libertad de poner su musiquita como y cuando le venga en gana.

Mucho se habla de los toros pero poco de lo que cuestan, porque salvo las cuatro corridas de las ferias lo normal es ver las plazas cerradas o con poco aforo. Según un estudio independiente en España se invierte más en tauromaquia que en sanidad, y esto la gente no lo sabe, ayuntamientos que deben millones de euros a autónomos y pymes que han de cerrar por su culpa se gastan partidas que llegan al millón de euros en los festejos taurinos.

Está claro que esta niña no comprende que sin una regulación de este derecho de libertad yo también podría ser libre de ir a su casa, tirar su equipo de música por la ventana y de paso a ella también, tendría el mismo derecho a ejercer “mi libertad” de esa manera lo mismo que ella tendría el derecho de ejercer “su libertad” con la musiquita, y claro el padre de la niña también tendría la “libertad” de pegarme un tiro y luego mi hermano de vengar mi muerte, etc, etc, etc.

Está claro que este tipo de libertad es inviable dentro de una sociedad civilizada, y es lo que han venido a llamar libertinaje como ya he dicho anteriormente, por eso el concepto de libertad, de verdadera libertad es muy difícil y complicado de definir y de poner en práctica, porque siempre habrá alguien que se siente que le han coaccionado su derecho a hacer algo.

Si mi memoria no me falla se llegó a un consenso en el cual se definía como libertad el poder hacer lo que a uno le viniese en gana siempre y cuando no pisoteara la libertad y los derechos de los demás, es algo así como decir que mi vecina tiene todo el derecho y la libertad de poner la música como le de la gana, siempre y cuando no moleste ni pisotee el derecho de nadie, en este caso al poder dormir.

Como ya he dicho el tema es muy complicado y se está viendo en la actualidad con el tema taurino, porque como en este país somos así de hipócritas y de “tolerantes” ahora la prensa taurina está clamando al cielo con la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, alegando que es un atentado “contra la libertad”. Con estos argumentos ¿dónde se puede ir? Pues al absurdo, porque la principal justificación de los taurinos siempre ha sido que:

La ablación es una de las salvajadas más grandes que se sigue practicando hoy en día, sin embargo se podría defender con los mismos argumentos con los que se defienden las corridas de toros.

El toro no sufre (un disparate como una catedral de grande).

Si no hay corridas las dehesas desaparecerán (otro disparate ya que lo que se gasta el estado en corridas de toros que es, no lo olvidemos, una partida superior a lo que se gasta por ejemplo en sanidad, y manda webos, estas dehesas se podrían convertir en parques naturales y por supuesto, nos saldría a todos más barato).

Que es un “arte” arraigado en España durante muchos siglos (quiero recordar que las corridas de toros no han sido exclusivas de España, hace siglos también las había en Francia y Gran Bretaña pero que debido a su salvajismo fueron abolidas hace cientos de años, nosotros como siempre retrasados con Europa).

Es que con estas reglas se podrían también justificar las ablaciones, ya que son ancestrales, los sacrificios rituales, el machismo, la esclavitud y un largo etcétera de cosas que, desgraciadamente siguen existiendo en nuestra sociedad, entonces intentar abanderar esta sentencia como “nos quitan la libertad” es tan absurdo como que el integrista diga que “prohibir las lapidaciones es atentar contra la libertad”.

Pero alguien podría decir “es que no es comparable el ser humano con el animal” pues muy bien, entonces ¿por qué están prohibidas las peleas de gallos? ¿Por qué está penado el maltrato de perros aunque sea con multas en vez de cárcel? Pues porque el salvajismo, aunque lo vistas de luces al son de pasodobles, sigue siendo salvajismo.

El espíritu de esta prohibición es el mostrado por las palabras de Jesús Mosterín, catedrático de filosofía de la Universidad de Barcelona, en su artículo “El triunfo de la compasión” (El País, 9 de mayo de 2010)

Los amigos de la libertad nunca hemos pretendido que no se pueda prohibir nada. Aunque pensamos que nadie debe inmiscuirse en las interacciones voluntarias entre adultos, admitimos y propugnamos la prohibición de cualquier tipo de tortura y de crueldad innecesaria. Si aquí y ahora hablamos de la tauromaquia, no es porque sea la única o la peor forma de crueldad, sino porque su abolición ya está sometida a debate legislativo en Cataluña. Si allí se consigue, el debate se trasladará al resto de España y a los otros países implicados. No sabemos cuándo acabará esta discusión, pero sí cómo acabará. A la larga, la crueldad es indefendible. Todos los buenos argumentos y todos los buenos sentimientos apuntan al triunfo de la compasión.

Por eso creo que con el tema de los toros se ha cometido un gran disparate, cosa que en este país suele ser muy normal gracias a unos políticos que de normales no tienen nada, más bien pondría una “a” delante de la palabra normal. Han convertido este tema de los toros en un tema político, un tema de derechas e izquierdas, un tema de rojos y caspa, un tema de “o conmigo o contra mí”, o sea, más de lo de siempre y viva el espíritu de la guerra civil.

Pero mientras España tiene problemas muy serios, aquí los políticos siguen discutiendo sobre el sexo de los ángeles, y aunque soy antitaurino convencido sería capaz de autorizar todas las corridas de toros del mundo si con ello se acabase con el paro, el hambre, los pobres... pero mientras tengamos problemas SERIOS hablar del estatut o de las corridas de toros como si fuera una "cuestión de estado" poco más que cabrea.

Porque en un país que se va al garete, en un país en donde los indicadores económicos dicen que hasta el 2016 no vamos a remontar, en un país donde existen DE VERDAD ya casi 6 millones de parados, en un país donde el 90% de los trabajos son basura y con las nuevas leyes han convertido a todos, TODOS los contratos en basura, en un país donde los sueldos salvo los de “estos iluminados” son la cuarta parte de los de Europa pero pagamos los mismos impuestos, en un país donde no hay soluciones, donde la corrupción campa a sus anchas, en un país donde los políticos deberían despachar desde celdas en la cárcel, en un país con una familia real como poco sospechosa, en un país donde hay que leer THE TIMES o algún periódico similar para enterarse un poco de lo que ocurre en el mundo ya que los periódicos del país están todos comprados por la “marea roja” o la “caspa azul”, en un país donde somos el hazmerreír del mundo por una política exterior bananera, en un país donde la mitad de la población está en la cuerda floja de un crédito hipotecario endeudado hasta su muerte, en un país donde Cáritas y la Cruz Roja no dan abasto para dar de comer a gente necesitada, en un país como este que la gente se preocupe por las corridas de toros, el fútbol y el chachachá poco más que colma la indignación.

Y decir también que estar a favor o en contra de las corridas de toros no le marca a uno ningún signo político, es más, habrá miles y miles del PP que estén en contra de las corridas y al igual, miles y miles del PSOE que estén a favor. Recordar entrevistas del camarada Buenafuente con el Calamaro revuelve las tripas a aquel que tenga una pizca de inteligencia.

Estos “progres del cheque en blanco”, estos de la ceja, estos que van de socialistas con sus cuentas corrientes rebosando de dinero ganado por sus negocios “cejosos” son los que ahora, salen que como le gustan los toros pues nada, que ahora ya no son “progres”… ¿Se puede ser más estúpido pensar que ser taurino o antiraurino marca tu tendencia política? Esto solo puede pasar en un país bananero como España.

En fin que sigan así, el PP ya consiguió por méritos propios que no le volviese a votar nunca más, el PSOE ya lo hizo en su momento, ratificado por sus últimos 6 años de Zapaterismo, los demás… más de lo mismo, total, a ellos estas cosas les viene que ni pintada, porque mientras se hable del aborto, del estatut, de los toros y de Iker y la Carbonel no se hablarán de otros temas que si, de verdad, preocupan en la calle, porque pienso que aquel que le preocupe el tema de los toros será porque llega a final de mes, tiene trabajo, este no peligra y que vamos, que no tienen nada mejor en que preocuparse en la vida.

Así que hagamos un trato señores políticos pro-toros, si mañana consiguen el pleno empleo, si mañana consiguen que los sueldos en España sean similares a los de Europa, si mañana consiguen que los contratos y los horarios sean también de corte Europeo, si mañana dejan de robar, si mañana viven como personas humanas y no como dioses del olimpo, si mañana acaban con los pobres, si mañana logran cubrir las necesidades de la gente, cuidan de Paqui y su hijo, cuidan del necesitado, integran a los pobres tirados de la calle y Cáritas y la Cruz Roja tienen que cerrar sus comedores por falta de “clientes”, entonces si quiere, podríamos hablar de los toros, del fútbol o del último grano que le ha salido a Ronaldo en el culo, mientras tanto, con la que está cayendo, que hablen de estos temas y los eleven a “cuestiones de estado” es simplemente en enésimo escupitajo en la cara al ciudadano español.

Pericogonoperro

P.D. No puedo resistir la tentación de difundir uno de los artículos de Jesús Mosterín, (aquí el artículo original, en la página de Anima Naturalis), por su claridad de exposición, su serenidad y su contundencia al hablar de libertad, de derechos, de compasión y de sociedad… Una joya que cualquiera de los argumentos pro-taurinos  es incapaz de empañar… Y todo ello diciendo verdades como puños.

La España negra y la tauromaquia

Aquí no tomamos el adjetivo negro en su sentido cromático habitual (y mucho menos en sentido racial alguno), sino en el significado peyorativo de siniestro con que hablamos de la novela negra o de un negro porvenir y que los autores regeneracionistas usaban para referirse a la España negra como el compendio de nuestras más tenebrosas tradiciones.

De la palabra latina mores (costumbres) procede nuestro término moral. El conjunto de las costumbres y normas de un grupo o una tribu constituye su moral. Cosa muy distinta es la ética, que es el análisis filosófico y racional de las morales. Mientras la moral puede ser provinciana, la ética siempre es universal. Desde un punto de vista ético, lo importante es determinar si una norma es justificable racionalmente o no; su procedencia tribal, nacional o religiosa es irrelevante. La justificación ética de una norma requiere la argumentación en función de principios generales formales, como la consistencia o la universalidad, o materiales, como la evitación del dolor innecesario. Desde luego, lo que no justifica éticamente nada es que algo sea tradicional.

Algunos parecen incapaces de quitarse sus orejeras tribales a la hora de considerar el final del maltrato público de los toros. No les importa la lógica ni la ética, el sufrimiento ni la crueldad, sino sólo el origen de la costumbre. La crueldad procedente de la propia tribu sería aceptable, pero no la ajena. En cualquier caso, y contra lo que algunos suponen, ni las corridas de toros son específicamente españolas ni los correbous (o encierros) son específicamente catalanes. De hecho, ambas salvajadas se practicaban en otros países de Europa, como Inglaterra, antes de que la Ilustración condujera a su abolición a principios del siglo XIX.

Siempre resulta sospechoso que una práctica aborrecida en casi todo el mundo sea defendida en unos pocos países con el único argumento de ser tradicional en ellos. Aparte de España, las corridas se mantienen sobre todo en México y Colombia, dos de los países más violentos del mundo. Otros países más suaves de Latinoamérica, como Chile, Argentina o Brasil, hace tiempo que las abolieron. Las normas más respetables suelen ser universales. Todo el mundo está de acuerdo en que no se debe matar al vecino, ni mutilar a la vecina, ni quemar el bosque, ni asaltar al viajero. Por desgracia, en muchos sitios hay costumbres locales crueles, sangrientas e injustificables, aunque no por ello menos tradicionales. De hecho, todas las salvajadas son tradicionales allí donde se practican.

Los que escribimos y polemizamos contra la práctica abominable de la ablación del clítoris de las adolescentes en variospaíses africanos recibimos con frecuencia la réplica de que nuestra crítica es inadecuada e incluso colonialista, pues no tiene en cuenta que se trata de prácticas tradicionales de esos pueblos y que las tradiciones no se pueden criticar.

Obviamente, las corridas de toros no tienen nada que ver con la ablación del clítoris, ni son comparables con ella; sin embargo, los defensores de ambas prácticas usan de modo similar el argumento de la tradición para justificarlas. La única moraleja es metodológica: la tradición no justifica nada.

Los españoles no tenemos un gen de la crueldad del que carezcan los ingleses; la diferencia es cultural. En España siguen celebrándose encierros y corridas de toros, pero no en Inglaterra (donde hace dos siglos eran frecuentes), pues los ingleses pasaron por el proceso de racionalización de las ideas y suavización de las costumbres conocido como la Ilustración.

Aquí apenas hubo Ilustración ni pensamiento científico, ético y político modernos. Muchos de nuestros actuales déficits culturales proceden de esa carencia.

A los enemigos de los toros, es decir, a los defensores de las corridas, una vez gastados los cartuchos mojados de las excusas analfabetas, como que el toro no sufre, sólo les quedan dos argumentos: que las corridas son tradicionales y que su abolición atentaría contra la libertad.

Ya hemos visto que la tradición no es justificación de nada. La tortura pública y atroz de animales inocentes (y además rumiantes, los más miedosos, huidizos y pacíficos de todos) es una salvajada injustificable, y como tal es tenida por la inmensa mayoría de la gente y de los filósofos, científicos, veterinarios y juristas de todo el mundo.

Cuando, en el Parlamento de Cataluña, Jorge Wagensberg mostraba uno a uno los instrumentos de tortura de la tauromaquia, desde la divisa hasta el estoque, pasando por la garrocha del picador y las banderillas, y preguntaba: “¿Cree usted que esto no duele?”, un escalofrío recorría el espinazo de los asistentes.

Queda el argumento de la libertad, basado en la incomprensión del concepto y en la ausencia de cultura liberal. La libertad que han propugnado los pensadores liberales es la de las transacciones voluntarias entre seres humanos adultos: dos humanos adultos pueden interaccionar entre ellos como quieran, mientras la interacción sea voluntaria por ambas partes y no agredan a terceros. Ni la Iglesia ni el Estado ni ninguna otra instancia pueden interferir en dichas transacciones voluntarias.

Ningún liberal ha defendido un presunto derecho a maltratar y torturar a criaturas indefensas. De hecho, los países que más han contribuido a desarrollar la idea de la libertad, como Inglaterra, han sido los primeros que han abolido los encierros y las corridas de toros. Curiosamente, y es un síntoma de nuestro atraso, la misma discusión que estamos teniendo ahora en España y sobre todo en Cataluña ya se tuvo en Gran Bretaña hace 200 años. Los padres del liberalismo tomaron partido inequívoco contra la crueldad. Ya entonces, frente al burdo sofisma de que, puesto que los caballos o los toros no hablan ni piensan en términos abstractos se los puede torturar impunemente, el gran jurista y filósofo liberal Jeremy Bentham señalaba que la pregunta éticamente relevante no es si pueden hablar o pensar, sino si pueden sufrir.

En vez de crear el partido liberal moderno del que carecemos y de formular una política económica alternativa a la del Gobierno, los dirigentes del Partido Popular se ponen a correr hacia atrás, se enfundan la montera y el capote, pontifican que el mal cultural de las corridas de toros es un bien cultural e invocan las esencias de la España negra para tratar de arañar un par de votos, sin darse cuenta de que a la larga pueden perder muchos más con semejante actitud.

Esperanza Aguirre cita a Goya en primer lugar de sus referencias culturales favorables a la tauromaquia. Lo mismo podría haber acusado a Goya de estar a favor de los fusilamientos, pues también los pintaba.

No le vendría mal repasar los grabados de Goya sobre la tauromaquia para encontrar la más demoledora de las críticas a esa práctica. Las series negras de los disparates, los desastres de la guerra y la tauromaquia nos presentan el más crítico y descarnado retrato de la España negra, un mundo sórdido, oscuro e irracional de violencia y crueldad, habitado por chulos, toreros, verdugos, borrachos e inquisidores.

Goya se fue acercando a las posiciones de los ilustrados, como Jovellanos, partidarios de la abolición de los espectáculos taurinos. Y si acabó exiliándose a Francia y viviendo en Burdeos fue por su incompatibilidad con el régimen absolutista (“¡vivan las cadenas!”) de Fernando VII, enemigo de la inteligencia, restaurador de la censura y la Inquisición, creador de las escuelas taurinas y gran promotor de las corridas de toros.

7 Responses to “¿Se ha pisado la libertad de los taurinos?”

  1. Mª Dolores dice:

    Hola, poco más se puede añadir a tu brillante exposición acerca del tema de los toros.
    Va a ser que en España todo se resume a dos palabras “analfabetismo y falta de ética”. De este modo se confunde la libertad con el libertinaje. Y se confunde el arte con una indecente y vulgar matanza de inocentes (corridas de toros), para divertir a cazurros sin escrúpulos.
    Por desgracia, el analfabetismo y la ausencia de ética alcanzan no solo al 90% de la población sino también al 90% de los que dirigen los destinos del país.
    De este modo no es de extrañar que nos vaya como nos va.
    Un cordial saludo.

    • enlamadrugada dice:

      Hola María Dolores !
      Lo has definido perfectamente… así, ¿que podemos esperar?… pues lo que tenemos… :sad:
      Y luego nos extrañaremos de que países civilizados se “rían” en nuestra cara… y sacudan la cabeza… “es que el Sur es así”… y tendremos que darles la razón…
      Un cordial saludo

  2. Alvaro dice:

    Una cosa es que haya una cadena alimenticia que al igual que el leon se zampa al ciervo, nosotros hacemos lo mismo con muchos animales, y desde luego que a los pollos de las granjas no creo que les guste mucho lo que les hacen.

    Pero es que otra cosa muy distinta es que la tortura y muerte de un animal sirva de espectaculo publico.

    • enlamadrugada dice:

      Ahí está la cuestión… ésto es por mera diversión, además subvencionada… que el matarife Tomás cobra por corrida hasta 300000 euros… manda wbs… que la Comunidad de Madrid se gastó más en lo taurino que en Sanidad… y en pueblos pequeños, tienen impresionantes presupuestos para las corridas/becerradas y demás de las fiestas patronales (la iglesia enmedio, como siempre, para festejar a la Virgen de no se donde hay que andar torturando y sacrificando animales, se ve que desde Moisés no se ha avanzado gran cosa)… pero luego no hay para pagar a los autónomos…
      Eso es lo que no se puede consentir… ni matar por matar, ni esa impunidad en la tortura a nuestros hermanos animales, ni que se tire el dinero de esta manera, cuando tenemos esta crisis tan terrible… Y lo más lamentable de todo ésto, es que el “rajao”, que no fue ni a discutir en el debate, ya ha declarado que este tema es “casus belli”… manda coj*, yo es que me indigno…
      Eso sí… la caspa en pleno chillando por lo que ha pasado, y luego ponen el grito en el cielo exigiendo que se quite a los parados la limosna de los 400 euros… pues con lo que se dedican a los toros había para ayudar a otros sectores que produjeran trabajo en este país y para echar una mano a la gente en situación tan desesperada…

      ASí con esta oposición tenemos ZP para años… pero es que se lo están “ganando” a pulso…

  3. esteban dice:

    Muy buén artículo, y muy buenos argumentos en contra de las corridas de toros.
    ¡Bravo Perico!, a ver si entre todos los bien pensantes, los inteligentes, le “metemos la estocada” a las putas corridas de toros de este país de analfabetos.
    El artículo de ese tal Jesús Mosterín es una obra de arte, y convendría mandárselo por correo a todo esta pandilla de articuleros baratos, que con tal ir a favor de un partido político de mierda o en contra del parlamento catalán (y aunque yo mismo reconozco que los políticuchos inútiles de aquí puedan haber abolido las corridas como una venganza política por el suspenso al estatut) hacen lo posible y lo imposible para defender un espectáculo retrógrado, tercermundista, cruel, repugnante, verdulero y execrable a más no poder como son las corridas de toros.
    Y sí, los ingleses y los franceses siempre nos llevarán la delantera, porque en general leen, saben y piensan más que nosotros, porque estamos -insisto- en un país donde reina un gran nivel de a-nal-fa-be-tis-mo. En un país de ca-te-tos, si CATETOS. En un país de BORRICOS. Y eso es para mi el que aún defiende los toros por el medio que quiera, me da igual, un BORRICO como una catedral de grande.
    ¿Qué el parlamento catalán ha prohibido las corridas por motivos políticos?…
    Repito, puede ser. Pero para una de las pocas veces que hacen algo claramente positivo, y aunque sea por accidente, me parece fantástico.

    A la mierda las corridas de toros. A la mierda el catetismo de este país de
    pandereta, de folclore barato, y por supuesto (hasta que no desaparezcan del todo), de corridas de toros.
    ¡A la mierda!

  4. cecrop dice:

    A mí, personalmente, me repugnan las corridas de toros.
    Pero si en vez de corridas de toros hicieran “corridas de políticos-garrapata inútiles”, “corridas de alcaldes-parásito”, “corridas de especuladores sin escrúpulos”, o “corridas de banqueros chupa-sangres”………. ¡joder!, ….¡¡¡casi hasta me asusta la idea de que pueda aficionarme a éste tipo de corridas!!!. :mrgreen:

  5. double spacer dice:

    todos los torturadores arderán en el infierno, implorando piedad!

    La misma piedad que tuvieron con los toros, recibirán.

    El que a hierro mata a hierro muere!

    Estas son las leyes del universo!

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