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Uno puede ser monárquico, no digo que no, lo mismo que se puede ser comunista, fascista, liberal, republicano o franquista, pero no se puede meter monarquía y democracia en el mismo saco porque son incompatibles.

Este artículo publicado en “El Confidencial“, resulta ser de imprescindible lectura. Una visión lúcida y esclarecedora de nuestra situación actual y nuestro futuro, aportando una ALTERNATIVA real para, de una vez por todas, solucionar la grave crisis social, institucional y ecónomica que ha hundido el país.

El autor, Manuel Muela Martín-Buitrago, un economista con larga experiencia en el mundo bancario, ocupa actualmente la presidencia del Centro de Investigación y Estudios Republicanos (CIERE).

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La República, una apuesta de esperanza.

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La evocación republicana de abril debería ser en este 2010 un estímulo de esperanza y de realismo para un país que asiste, todavía incrédulo, a la agonía del régimen de la Monarquía, carcomido por la corrupción y por la inepcia; incapaz, por ello, de dar respuesta a los graves problemas políticos y económicos de nuestra nación: un Estado endeudado, débil y fragmentado, dominado por los poderosos, y una sociedad angustiada, que no se siente dirigida para enfrentarse a los cambios que podrían permitir la salida de la ciénaga en la que nos encontramos.

En circunstancias como estas de España es cuando se nota la ausencia  de una vigorosa sociedad civil: arrastramos déficits agudos en la educación, en la exigencia cívica y en el sentido participativo de la vida pública, valores todos que deben conformar un proyecto democrático nacional. Y es lógico que haya sido así, porque, a causa de nuestra atormentada historia y del fraude de la Transición, hemos carecido de las semillas de las que había de surgir el árbol de ese orden civil superior: las ideas del esfuerzo y de la exigencia han permanecido desterradas de la vida española, sustituyéndolas por principios acomodaticios, para facilitar la supervivencia y el aprovechamiento de los impostores.

Cuando hablamos de mantener a la monarquía no solo hablamos del rey y la reina, hablamos de toda la familia que detrás de ellos están. Infantas, infantes, príncipes y princesas con sus narices operadas, gente que vive de nuestro dinero sin hacer nada y lo peor, sin haber sido elegidos por nadie.

Por eso, a la altura de 2010, no es posible aventurar cuándo llegarán a nuestro país la democracia y la República, como apuestas legítimas y esperanzadas de un futuro de libertad, sobre todo en un momento como el actual, en el que la ruina institucional y la quiebra económica están poniendo en peligro el equilibrio político y social de España, con la consiguiente amenaza para la convivencia pacífica y ordenada de los españoles.

El reconocimiento de esta situación apoya el rechazo expreso a la doctrina oficial imperante, para la que República y republicanismo son únicamente asunto de historiadores y estudiosos, sin nada que aportar al devenir del proceso político español. La aceptación fatalista de esas tesis interesadas es el peor servicio que se puede prestar no solo a la causa republicana, sino, lo que es peor, a la apuesta por la recuperación de la integridad democrática y el bienestar social para nuestra Patria.

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La impostura de la clase dirigente

Después de la Guerra de España, tanto las ideas republicanas, fundamentadas en lo más genuino del liberalismo español, como los grupos sociales que las sostenían y fomentaban, fueron proscritos o exterminados. Su recuerdo y memoria desapareció de la faz de nuestro país. Fue la versión contemporánea de lo que Roma hizo con Cartago después de las Guerras Púnicas. Por eso, es inevitable que pase algún tiempo hasta que la sociedad española, presa en gran medida de la ocultación, de la mistificación del pasado inmediato y también del dolor de la memoria, sea propicia al renacimiento republicano: las clases dirigentes españolas han hecho un ejercicio magistral de impostura con los valores democráticos, para conservar sus privilegios y ahondar en la exclusión social y fiscal, que son las consecuencias más llamativas de su mantenimiento.

España: Un país pobre con una estructura autonómica que ni un país rico podría soportar. Un auténtico disparate que es una de las causas que nos ha llevado a la ruina, eso si, una manera también de meter por 17 a los amigos del dedo bobalicón del político en cargos públicos.

La magra experiencia democrática de todos estos años, la quiebra constitucional, reconocida por los propios protagonistas del régimen, y la ruina económica del país justifican la necesidad de un cambio de rumbo que permita la recuperación de instituciones de contenido genuinamente democrático y el fortalecimiento del Estado. Para ese objetivo, el pensamiento republicano, hasta ahora ausente de la política española, podría aportar propuestas que enriquezcan las decisiones que se adopten en los próximos tiempos.

Empezando por el debate actual y causante de la crisis constitucional, la estructura del Estado Autonómico, hay que apelar a la concepción republicana del Estado como instrumento para la civilización y el progreso de la sociedad. Ello obligaría, entre otras cosas, a establecer límites claros y precisos al derecho a la autonomía de las regiones, delimitando y cerrando su marco de competencias. La regulación de ese nuevo marco competencial habría de basarse en la idea de reforzamiento de los poderes del Estado, como garante de la libertad y la igualdad de los españoles, recuperando para el Gobierno nacional y las Cortes generales gran parte del poder perdido en educación, sanidad, vivienda y fiscalidad, por citar algunas materias sensibles.

Además, las competencias de los municipios, que son las administraciones más cercanas a los ciudadanos, deberían reforzarse y, por su parte, las Comunidades Autónomas tendrán que reestructurarse, sin descartar la desaparición de algunas de ellas, en beneficio de la eficacia y de la austeridad del poder público, teniendo en cuenta un horizonte de escasez de recursos como el que se avecina.

La partitocracia, que es una forma de dictadura que ha contaminado todas las instituciones, tiene que ser erradicada. Para ello son necesarios cambios en las leyes electorales en los que se debe buscar, además, el acomodo de la representación de las Cortes Generales a la realidad nacional: hay que terminar con la dictadura de los partidos, sustituyéndola por la capacidad de decisión de los individuos, que son los que han de elegir y exigir la responsabilidad a las personas que consideren más capacitadas. El sistema electoral debe buscar la constitución de mayorías claras, que permitan la ejecución de las políticas de interés general sin las limitaciones ahora existentes.

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El Senado, superfluo y estéril

Con el objetivo de reforzar el órgano de la soberanía popular, las Cortes Generales, estas quedarían reducidas a una sola cámara, el Congreso de los Diputados, suprimiendo el Senado por superfluo y estéril. Se volvería así a la tradición liberal democrática, propia de los periodos más abiertos de nuestra historia constitucional.

Realmente ¿para qué sirve el senado? estamos pagando un montón de políticos que sobran. Una República moderna donde con un congreso (o senado) podría funcionar perfectamente, duplicar las cámara solo lleva a "engordar" los gastos de gobierno.

Un nuevo Estado, estructurado sobre los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, no podría ser auténtico si no elige a su propio Jefe, por sufragio universal, directo y secreto, para convertirlo en representante genuino de la nación, asignándole las facultades ejecutivas precisas para el ejercicio de sus funciones constitucionales. Porque España, con una democracia por construir y amenazada por la segregación territorial, no se puede permitir mantener la jefatura del Estado en manos de una institución que ensalza el privilegio y la desigualdad social, que son la antítesis  de los valores exigibles en una sociedad abierta y democrática.

España forma parte de la Unión Europea, en la que los Estados sólidos, que tengan un claro proyecto nacional, gozan de preeminencia indiscutible. Nuestro país debe aspirar a ese objetivo y no puede continuar siendo rehén de quienes sostienen de forma dogmática que el régimen de 1978 es inalterable e inamovible, a pesar de su fracaso que, muchas veces de forma cínica, reconocen los defensores del mismo. Por ello es necesaria y urgente la revisión constitucional para romper el nudo gordiano que impide la superación de la crisis española. Al fin y al cabo es lo que hicieron, en su tiempo, otros socios nuestros de la UE, como son las grandes repúblicas de Alemania, Francia y la propia Italia.

La empresa del cambio no será fácil porque, aparte de superar el hastío y la desconfianza de muchos ciudadanos, habrá que desvanecer la impresión, cultivada conscientemente, de que los valores republicanos no contienen la respuesta de modernización y justicia que España necesita. A pesar de esas limitaciones, la apuesta por la República, como conclusión natural, integradora y nacional de la evolución constitucional de España debe ser el objetivo, no partidario, para republicanizar los espíritus de los españoles que aspiren a lograr la plenitud democrática del país.

*Manuel Muela, Presidente del CIERE.

4 Responses to “República, una alternativa real y llena de lógica”

  1. Alvaro dice:

    En el caso del rey no tengas tan claro que si hubiera un referendum no ganara la monarquía. Yo estoy seguro de que si hicieran un referendum sobre republica o seguir en monarquía parlamentaria ganaba la monarquía y seguía el rey ahí.

    • pericogonoperro dice:

      Sinceramente me tienen tan hasta los tegumentos que en las próximas elecciones voy a votar al Pato Donald, porque para oír payasadas por lo menos que lo haga un profesional.

  2. enlamadrugada dice:

    “La República es la cosa del pueblo; y el pueblo no es el conjunto de todos los hombres reunidos de cualquier modo, sino reunidos por un acuerdo común respecto al derecho y asociados por causa de utilidad”

    Cicerón, República, I, 25

  3. esteban dice:

    Todo aquel sistema de gobierno que sirva para restablecer la auténtica democracia, y diezmar a la actual cohorte de parásitos de toda clase o políticos inútiles que habitan en España, podría ser bienvenido en nuestro país.
    Ahora bien, imagino que los anteriormente citados haran lo posible e imposible para que esto no suceda, incluso echar mano de sus “perros guardianes” si les resulta necesario así que, o la sociedad civil empieza a concienciarse y mover ficha dentro de sus recortadas posibilidades, o tenemos “cloaca democrática” para rato.

    España necesita una desparasitación, una desinfectación y una desratización urgentes. ¿Alguién tiene TDT?… o mejor, ¿TNT?…

    Saludos.

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