
Gobierno de UCD, cambian las caras, cambian los partidos, pero sigue la tónica general de incompetencia ante los verdaderos problemas de España
Esta carta, fue mandada por un obrero, un trabajador humilde a las “cartas al director” del diario La Gaceta del Norte allá por diciembre de 1979.
Es escalofriante darse cuenta que después de tantos y tantos años de “presunta” democracia, las cosas no cambian, y que en este país la desaparición de la dictadura franquista no fue más que una mano de pintura por encima a este país que tiene los cimientos podridos, y no se atreve de verdad a ponerle remedio a sus males endémicos, porque quienes deberían ponerle solución a estos males, viven muy bien mientras la clase media, cada vez, está más magreada.
La carta dice así:
Yo comencé mi vida de productor, como entonces se nos llamaba a los 17 años, y de peón, en una fábrica de la margen izquierda. Soltero como estaba yo en aquella época (año 57) y aprovechando las horas de trabajo normales más algunas extra, ahorré unas pesetillas de aquellas y así pude casarme, comprarme un piso y dejar el de mis padres.
Aquí viví mis primeros indicios de prosperidad. Pasé de una vivienda pobre y carente de toda comodidad y hasta con water comunitario, a otra con su sala, baño y cocina, que entonces me pareció de cine. Llegaron los años 60 y en los finales de esta década pude comprarme un seiscientos que todo hijo de vecino soñara algún día. Nevera, tele, un secador para mi señora y vacaciones de 25 días que en verano pasábamos en La Rioja.
El 600 fue el símbolo del nacimiento de una verdadera clase media, algo que no se había conseguido nunca en España hasta ahora
Pasó el tiempo y llegó el año 1975 y con él la democracia. Y yo entonces me pregunté: ¿habrase visto mayor satisfacción para un hombre de mi condición que tener todo lo conseguido y además redondear con la democracia que siempre soñé? Para mi esto fue el encanto. Pero como cada uno cuenta la feria según le va, esta fue mi feria:
Me afilié a un partido de izquierdas y a una sindical de la misma mano, intervine en manifestaciones, acudí a multitud de mítines, voté cantidad de veces y mi final de feria es este:
Estoy en el paro a 6 meses de que se me acabe la prestación, mi seiscientos se me cae de puro viejo y no veo posibilidad de renovarlo como no sea por una bicicleta.
Los últimos plazos de mi piso, los veo de color panza de burro, los estudios de mis hijos de un tono parecido; mi querida cartilla de ahorros, antaño oronda, actualmente está de un famélico que no quiero ni mirarla.
Y de mi viaje anual a La Rioja, que quiere usted que le diga, solamente de mencionarlo se me cae el alma al suelo. Porque temo que de seguir así las cosas, mi próxima visita a esa querida región va a ser de lo más deprimente, ya que temo que no va a ser en calidad de veraneante, sino de vendimiador.
Llegado a este punto yo preguntaría por si alguno tiene la respuesta ¿de quién es la culpa de todo esto? ¿del régimen anterior, como se suele decir: del actual, de la OPEP, o de los ayatolas políticos que no han sabido dar la talla?
Yo lleno de pragmatismo o olvidando filias o fobias políticas, recuerdo que antes vivía bien con la esperanza en el futuro y actualmente lo veo más que negro, viviendo en continua zozobra por el porvenir de mi querida familia.
Así que, por favor, señores políticos, hagan algo para que tantas familias como la mía volvamos a vivir “encantadas” y si no es así, dedíquense a otra cosa u les quedaremos muy agradecidos.
Leyendo esta carta, está claro que hay cosas que nunca cambian, y a lo mejor, algún día, con el cerebro frío sin tantas estupideces de agitar masas de izquierdas y derechas, de fachas y rojos, de francos y carrillos… a lo mejor ese día, despertamos y nos damos cuenta que tenemos que echar a patadas a esta clase política que desde la transición, nos ha venido vendiendo una película de democracia que no existe, mientras ellos viven como nuevos ricos, y nosotros seguimos con los males endémicos de siempre, paro, políticos analfabetos y un pueblo atontolinado que se cree todo lo que le cuentan.
Pericogonoperro.




















