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Años de sacrificios, de hipotecar la juventud acaban desgraciadamente en este país premiados con el desempleo y la marginación laboral

Todos sabemos que allá por los años sesenta en plena España franquista el aperturismo del régimen de Franco parecía que daba sus resultados económicos, donde España comenzaba a ser conocida en el extranjero por su sol y playas, flamenco y toreadores valientes (como decían aquellas guiris) y daba la sensación que el progreso entraba, aunque de puntillas, en un país atrasado donde los hubiera. Por entonces el ser ingeniero, médico o arquitecto era sinónimo de trabajo, de buenos empleos y sueldos y un mercado laboral donde las empresas se pegaban por su contratación.

Yo recuerdo las historias que me contaba mi padre, como era habitual que un ingeniero de la empresa fulanito recibiera ofertas muy suculentas de la empresa menganito, donde el titulado no tenía que salir a buscar trabajo, era el trabajo quién venía a buscarle a él, donde era habitual que uno de estos elegidos fuera al departamento de recursos humanos de su empresa (o más bien al despacho de su jefe, ya que eso de los “recursos humanos del pinta y colorea” son cosas más bien de la actualidad) para decir que se iba, y estos para retenerle le hacían una contraoferta, acabando muchas veces el ingeniero en la empresa donde estaba pero con un suculento aumento de sueldo, y sino se iba a la nueva empresa donde era recibido con los brazos abiertos. En aquella época el universitario, sobre todo de carrera técnica, era poco más que un elegido por la suerte laboral.

Por ello no es de extrañar que todos los hijos de aquella generación se encabezonaran en que sus hijos estudiaran una carrera, porque por entonces carrera era sinónimo de empleo y bienestar, y allí es donde se creó el caldo de cultivo de la actual situación en la cual se encuentran miles y miles de titulados universitarios condenados a un paro crónico, no por falta de cualificación ni conocimientos como ciertos ministros de medio pelo quieren hacer entender al populacho, sino simplemente por algo mucho más simple: En España no hay trabajo cualificado.

La gente que nunca ha estudiado piensa que eso de hacer una carrera es "pasárselo bien y no trabajar", pero nadie les ha dicho que un estudiante universitario DE VERDAD estudia 12 horas al día, va a clase y no tiene festivos, y encima no recibe ningún salario al final del mes, y así durante 3, 5 y 6 años.

Todos los de mi quinta que corresponden a aquellos nacidos entre 1965 y 1975 saben lo que es luchar por entrar en la universidad, todos saben lo que es jugarse todo el futuro en una selectividad masificada, en donde desangrarse el cerebro por conseguir una nota mínima para entrar en esa carrera soñada, donde las carreras técnicas con más empuje solo se daban en ciertas universidades, como tener que ir a academias los fines de semana para aprobar ese cálculo de primero, como pasar noches enteras de café para preparar el examen de física, como desvivirse y renunciar a tener una vida social hasta acabar la carrera, como pasarse seis… siete… y hasta ocho años acabando una carrera para que, con el cuarto de siglo ya cumplido con creces, salir al mercado laboral pensando que, gracias a ese sudor, a esa dedicación, uno iba a encontrar un trabajo como el que sus padres les había prometido.

Entonces ahí es cuando uno se da cuenta que lo aplicado en los años sesenta no se puede aplicar en la actualidad, ni como en mi caso ocurrió hace veinte años, uno se da cuenta como las empresas solo querían ingenieros “comerciales”, un cargo muy divertido en donde se utiliza un Ferrari para tirar de un arado, es decir, un ingeniero para ponerse a vender, pero queda muy bonito en la tarjeta de la empresa “ingeniero comercial”, como si eso pudiera existir.

Allí nuestra generación (salvo excepciones) se dio cuenta de la engañifa, que mientras te habías deslomado sacando una carrera otros, sin carrera, con una formación profesional digna y más que suficiente para el trabajo que hay en este país, se habían “adueñado” del poco trabajo cualificado que había en España, ya que para el mantenimiento de una línea, de una máquina, reparaciones, etc no se contratan ingenieros, se contratar gente de formación profesional cuya cualificación es más que sobrada para el trabajo que hay en este país.

En la actualidad vale mucho más un título de Formación Profesional que el de un ingeniero.

Y llegamos a la actualidad, en donde la universidad ha multiplicado la capacidad de crear “titulados” en cinco años, donde ahora existen un montón de universidades, de paganini o no, para poder estudiar la carrera que te gusta, es más, ahora hasta las universidades tienen el problema que existen pocos alumnos, creando una carrera de marketing para lograr atraer alumnos, con masters, con prácticas, con “dibujitos” que hace que aquellas carreras tediosas del pasado sean solo cosa del recuerdo.

Pero da igual, todos esos masters y todos esos títulos, salvo unos privilegiados ¿Para que sirven? ¿para un trabajo de becario ganando 1000 euros? Solo hay que pasarse por el INEM y comprobar el tipo de trabajo que existe para titulados, y conozco muchos casos que se han “reciclado” estudiando una formación profesional para, por lo menos, tener la oportunidad de entrar en algún sitio de mantenimiento o reparaciones.

No se que ocurrirá en la próxima generación, pero a lo mejor volvemos a darle la vuelta al calcetín, y hacemos que todos nuestros hijos estudien una formación profesional, y quizás dentro de 20 años saturemos nuevamente el mercado de FPs y se vuelvan a necesitar ingenieros, aunque con la mentalidad empresarial de este país, donde solo queremos carne de cañón en nuestro mercado laboral, y si hay un problema llamar al ingeniero alemán, no creo que vaya a ser necesaria la mano de obra cualificada, que si es preciso, ya se subcontratará al extranjero, ingenieros rumanos, marroquíes, sudamericanos… vienen dando fuerte y esos, con esos 1000 euros son los tío más felices del mundo.

Pericogonoperro

One Response to “Las fábricas del desempleo”

  1. ZACARIAS dice:

    Mas razon que un santo.

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