
Mientras los abuelos se despellejan levantando una empresa, los hijos por regla general suelen ser unos incompetentes que viven a todo lujo y que, cuando su padre muere suelen quebrar o vender la empresa que tanto trabajo le costó a su padre levantar, llegando solo las migajas a los nietos que, no han podrido en muchos casos disfrutar de la herencia de su abuelo.
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Esta frase puede resumir muy bien el comportamiento de las empresas familiares de nuestro amadísimo país, en donde un estudio reciente demuestra que más del 90% de las empresas familiares no pasan de la tercera generación.
Este estudio podría parecerme una exageración si no fuera porque conozco muchos casos que lo calcan, y es más, podría añadir que muchas de ellas ni tan siquiera pasan de los hijos, niños que han crecido a la sombra de “papa empresario” y simplemente por hacer la “o” con un canuto desde pequeñito han pensado lo bien que lo hacían todo para, en cuanto “papa empresario” dejara de llevar las riendas, en unos pocos años dilapidar el esfuerzo, muchas veces, de décadas de su antecesor.
¿Y cual es el motivo? El motivo es porque desgraciadamente no tenemos espíritu emprendedor y de trabajo, no tenemos espíritu de lucha y de superación como por ejemplo pueda tener el pueblo alemán. Lejos de ello siempre nos hemos conformado con “las peonadas” que la vida nos da para ir tirando, intentando trabajar lo justo, escaqueándonos cuando hemos podido y creándonos una fama a nivel internacional de “vagos y chapuceros” que muchas veces está ganada a pulso.

El Primo del zumo de naranja ¿Cuanto tiempo va a tardar en irse también al paro junto con la mitad de la plantilla que ya lo ha hecho?
Está claro que no en todos los casos se puede aplicar estos cuentos, ni todo el mundo es vago y no trabaja porque muchas veces este mercado laboral precario del que disfrutamos no nos deja, pero no vamos a centrarnos en el trabajador de a pie de máquina, sino en ese flamante hijo de directivo, hijo de dueño que está minando los pocos recursos empresariales de este país.
Es triste encontrarse casos como el de una empresa (de cuyo nombre no me voy a acordar aunque debería) dedicada a la fabricación de transformadores eléctricos, sacada en los años 50 con sudor y lágrimas por una persona emprendedora, que tuvo que sacrificar bienes propios, endeudarse hasta las cejas, echarle 16 horas diarias para sacar un negocio próspero que le costó poner en marcha más de 10 años, pero que al final como premio a tanto esfuerzo y trabajo consiguió construir de la nada una empresa que, sin ser muy grande, si tenía un cierto nombre dentro del sector industrial. Pero llegó el niño “pera” de turno, hijo mimado a más no poder, sin estudios sino los primarios, justificando el no realizar unos estudios superiores en que “tenía que ayudar a papa” (no se a que) que por supuesto entró a trabajar en esta pequeña empresa, donde los trabajadores cualificados echaban las muelas de ver como, sin tener ni idea, mandaba y ordenaba lanzando por su boca ordenes disparatadas a diestro y siniestro, un “zapatero empresarial” de salir en la foto, de endeudar la empresa para ir a ferias que nada pintaba, todo por “el aparentar”.
Y el padre murió y el hijo se quedó a cargo de todo… durante 3 años, que fue lo que tardó en quebrar la empresa, creando un trauma para las más de 50 familias de los trabajadores que allí trabajaban, muchos con más de 35 años en la fábrica que entraron de aprendices con 14 años y ahora a sus 50 años no sabían hacer otra cosa… y mire usted ¿Qué hacen ahora estas personas? Pues nada, porque gracias a este mercado laboral son “cadáveres” que nadie va a querer contratar.

Hay multinacionales españolas que viven de los contratos blindados con estamentos públicos. Politizadas hasta las cejas se presentan como empresas abanderadas de la economía española pero solo es un espejismo, en el momento que se acabe el blindaje y salten a la libre competencia tienen los días contados.
¿Y el niño pera? Esos no tienen problemas, ya que se vende la nave industrial, se pagan acreedores y demás prestamos y aún le ha quedado al señorito para jubilarse, con sus 40 años recién cumplidos para vivir de “las rentas del sudor de su difunto padre durante décadas”… en estas manos están muchas empresas españolas.
¿Otro ejemplo? Hay muchos, y miedo me da cuando yo que, conozco un número limitado de empresas conozco muchos y muchos ejemplos ¿Qué será lo que hay por ahí fuera en el mundo empresarial español? Miedo da… Sin ir más lejos, cerca de mi casa ahora vive el nuevo “Maharajá” de la urbanización, un señorito también de la edad del “niño pera” (es decir sobre los 40) que un día aparece con su Porche 911 turbo, otro día con su BMW M3 y otro día con su Mercedes AMG, un “paleto de libro” que ya ni estudios primarios tiene, pero que su padre se dejó durante más de 40 años la vida sacando un negocio de limpieza (manda narices el dinero que puede dar el mundo de la bayeta) donde llegó a montar a nivel nacional sucursales por todo el país, dando trabajo a miles y miles de empleados, esta si era una empresa grande pero al igual que la otra, de nombre que no quiero acordarme. Podemos pensar “por fin una empresa grande en España” pues si, y tan grande era que el hijo, aún con el cadáver caliente de su padre, firmó un contrato donde “malvendió” la empresa (le engañaron como a un paleto, cosa que de por sí era) a una empresa creo recordar holandesa… ¿resultado? La mitad de la plantilla a la calle (traducido, un drama para miles de familias que fueron al paro de la noche a la mañana después de llevar más de 20 años en la empresa) y el “niño pera 2” forrado hasta las trancas pero dilapidando el dinero en cochazos, casas, lujos… veremos cuanto le va a durar… eso si, dudo yo que los nietos del empresario emprendedor que montó el negocio vayan a ver un duro.
¿Más ejemplos? Otra empresa también grande del sector alimenticio de cuyo nombre tampoco me voy a querer acordar, donde el emprendedor creó de la nada (de vender bocadillos en la estación de tren) una empresa que dio de comer a la mitad de los habitantes de la comarca, que en 30 años la convirtió en líder de su sector y aunque con autenticas meteduras de pata (que este señor las tuvo y gordas), la empresa funcionaba más o menos, dando igualmente de comer a miles de familias por todo el país.

Desde siempre todo aquello que ha funcionado a nivel internacional en vez de generar empleo y riqueza en el país lo ha hecho fuera de él, ejemplo clásico es el oro de las américas, en donde lejos de acabar en España acabó en el banco de Inglaterra (es más, este se fundó con el oro que los corsarios robaban a los barcos españoles), en Flandes y otras guerrecillas absurdas en donde a nuestros monarcas siempre les ha gustado meter las narices.
Pero llegó el “niño pera 3” que creció acomplejado a la sobra de su padre, un autentico empresario de “otros tiempos” en donde el sindicato vertical hacía sus agostos, empresario que tenía un carácter muy “de otros tiempos” en donde todo se hacia con las criadillas, crió un hijo mariacomplejadillo que a la muerte de su padre se hizo cargo de esta empresa ¿Resultado? Después de casi 5 años la empresa está a punto de quebrar, los buitres en forma de Ruiz Materos ya han fijado sus ojos en ella, y este niño sigue sin enterarse de que va la vaina, mientras esquía con su hermano en los Alpes la empresa de desangra, los trabajadores de toda la vida son puestos en la calle sin piedad, llenándose solo de lobos que, sabedores que su jefe supremo no se entera, solo medran y se rodean de acólitos para saquear los dineros de la empresa con sus astronómicos e injustificados sueldos los poquitos años que le queda a la empresa tal y como la conocemos. ¿Cuál será su futuro? El de todas estas empresas, quiebra o venta, hijos que vivirán en pleno lujo pero nietos que no verán un duro de la herencia de su abuelo.
Es muy difícil encontrar empresa que se hayan mantenido durante generaciones, aunque las hay cada vez son más difíciles de encontrar, todo ello motivado porque el abuelo, el emprendedor, se ha tenido que partir la cara por sacar su negocio, y si está forrado es porque se lo ha currado. El hijo que ha vivido desde siempre en la opulencia de “papa” no ha tenido que luchar por nada, se ha encontrado su despacho de director solo con levantar el dedo, muchas veces sin preparación, sin saber lo que es el sacrificio juega con la empresa de papa como si fuera un Monopoly gigante, porque no tiene noción real de lo que es ganárselo con el sudor de su frente, y los nietos, hijos de estos “niños pera” que han nacido en plena opulencia pero que al final de sus vidas verán como, igual que buitres, solo viven de la carroña que sus “papis” no han dilapidado de la herencia del abuelo.
Pero esta mentalidad no es nueva, ya lo hicimos con el oro de las américas, en donde durante más de dos siglos, época de hidalgos y vividores, en España estaba mal visto el trabajar, solo trabajaban “los pobres y la gente de baja condición”, viviendo del oro, de las cortes reales y de los chanchullos y favores entre nobles, y mientras, sin crear industria… porque nadie se olvide que, si España perdió la revolución industrial fue porque el Borbón de turno dijo que no quería modernizar el país a ver si la gente iba a empezar a pensar y se le iba a montar otra revolución a la francesa… y así nos va, que después de más de 200 años seguimos sin hacer revolución industrial de verdad, y seguimos siendo un país de servicios, es decir, camareros y limpiadoras y vestidos de flamenco vendiendo sol y playa, así que no nos quejemos que si seguimos así, acabemos siendo “la sala de masajes” de Europa.
Pericogonoperro.


















