
Manuel Azaña quiso instaurar una República a su modo, con sus reglas y gobernada por su gente, muy lejos de ese talante democrático que tanto nos han querido vender del personaje histórico.
Muchas personas tienen en este hombre el espejo en el que mirarse, le tienen en un pedestal como el demócrata por excelencia, hombre que según ellos fue la misma encarnación de la Segunda República Española, un auténtico hombre de estado, donde la democracia y la honradez marcaban su vida política.
Yo reconozco que este personaje me causa la sensación contraria, es más, le considero uno de los máximos responsables de la Guerra Civil y de crear una república “para los republicanos” como él decía, con una idea más de destruir al oponente político que de crear un país moderno y democrático, una mirada de ombligo que parece ser pandemia nacional entre nuestros políticos desde siempre, un personaje que jugó con fuego y que se quemó y nos quemó a todos.
Pero para hablar un poco de este personaje, no voy a ser yo quién describa un poco su comportamiento y sus tendencias, lo dejo en manos de historiadores profesionales como el Sr.Stanley G.Payne que lo describe mejor con sus propias palabras.
Manuel Azaña fue el único líder republicano cuya responsabilidad fue equivalente a la de Alcalá Zamora, el único que disfrutó de poderes aproximadamente equivalentes y de iniciativa durante el mismo tiempo. Al comienzo de la República, Azaña había destacado en público que era “sectario y radical”, no un liberal; era terminante al afirmar que el constitucionalismo republicano debía interpretarse mediante reglas en esencia partidistas, con el fin de alcanzar objetivos, pero demasiado tarde comprendió que tal aproximación imposibilitaba, de hecho, la existencia de una República democrática. En ocasiones, él mismo reconoció hasta donde llegaba su orgullo y su arrogancia, pero tenía fe en su capacidad de juicio que terminó convencido de su propia indispensabilidad. Su rechazo de una democracia liberal más tolerante a favor del radicalismo y la polarización coincidió con una movilización de masas que magnificó en gran medida las consecuencias del sectarismo. Cuando los principales líderes de la política republicana rechazaban en la práctica las reglas del juego que ellos mismos habían creado, el Espado no podía sobrevivir por mucho tiempo (NdA: un ejemplo de este pensamiento fue cuando en las elecciones de 1933 la CEDA ganó gracias a una ley electoral que premiaba en demasía las mayorías, entonces intentaron impugnarlo y que se repitiesen las elecciones modificando una ley que hacía tan solo un par de años habían creado ellos mismos y que tan bien les vinieron en las primera elecciones).
Manuel Azaña junto a Alcalá Zamora, los dos presidentes de la Segunda República que miraron más por su orgullo personal que por el bien de la misma, responsables directos (aunque no únicos) de lo que desembocó en la Guerra Civil
Aún decidido a representar una nueva política, en ocasiones Azaña se describió a sí mismo en privado como un hombre “mas tradicionalista” de la vida pública española. De hecho, era mucho más un producto de la vieja cultura elitista y sectaria del siglo XIX de lo que creía. Un descendiente directo de los exaltados de 1820. Azaña representaba tanto lo viejo como lo nuevo, era el último vástago de una larga línea de políticos burgueses, sectarios y decimonónicos, a quien, sin apenas exageración, se puede denominar la última gran figura de la tradicional arrogancia castellana en la historia de España.
La utopía radical y pequeñoburguesa de Azaña descansaba en el apoyo electoral de no más del 15 o 20 por ciento de la población. Con el fin de imponerla, Azaña hijo la alta apuesta de confiar en el respaldo de los socialistas, pese a sus crecientes tendencias revolucionarias, esperando que un periodo posterior de dominación izquierdista y de reformas socioeconómicas diluirían el radicalismo, hasta el punto de retornar a la socialdemocracia, pero subsiste la cuestión en si, en el caso de que la derecha se hubiese sometido a los masivos ataques del Frente Popular, tal hubiera sido el resultado. Es cierto que no existe motivo para pensarlo, al menos a corto plazo. Es más probable que el establecimiento de un sistema incluso más completo de dominación izquierdista hubiese producido un gobierno de izquierda más extremo, dirigido finalmente por los socialitas como así ocurrió al principio de la Guerra Civil. No había forma alguna posible de realizar la peculiar utopía radical y pequeño burguesa de Azaña, dado que contaba con un respaldo electoral tan limitado. La confianza de los socialistas concedió a estos el voto decisivo e hizo que la política autónoma de Azaña no resultase más posible (como él creía) sino imposible, de manera que (como sucedió en la Guerra Civil) un gobierno republicano de izquierdas solo pudo desembocar en un gobierno socialista.
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De lo que se desprende de esta reflexión del historiador Payne es que Azaña tenía en la cabeza un modelo republicano el cual debía girar alrededor de él como figura insustituible, y para conseguir ese fin no dudó en utilizar tácticas dictatoriales, asociarse con revolucionarios y gente que solo buscaba “la dictadura del proletariado” y auparse a lomos de estos como máximo dirigente, pensando que siempre iba a poder controlarlos, pero al final estos pasaron por encima de él, y por ello se le puede considerar como uno de los responsables que nos llevó a todos a aquella sangrienta guerra civil.
Por eso, cuando personajes como Aznar se vanaglorian de tener a este personaje como modelo, la pregunta sería: ¿Pero de verdad saben quién fue el Sr.Azaña?
Pericogonoperro.
Fuentes: El colapso de la República, de Stanley G.Payne.





















Como dijo el historiador fernando garcia de cortázar,”la república estaba condenada al mes de su proclamación,nada más nacer”….no ya por los militares(que conspiraron en silencio durante su breve vida),SINO POR ESA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA QUE LA BOICOTEÓ durante 5 largos años con más de 2000 actos violentos entre los que se encontraban robos,pillajes,insurrecciones,ataques a organismos publicos,quema de conventos y sobre todo HUELGAS,algunas tan graves como la huelga general revolucionaria de octubre de 1934…porque las reformas republicanas no eran suficientes para una izquierda que solo tenía en mente una palabra:REVOLUCIÓN y un sueño….LA URSS(de eso se encargaron las decenas de agentes de la GPU soviética y de la Komitern)….Stalin plantó sus ambiciosos ojos sobre la república(ya que por el oeste alemania,que era su objetivo,estaba tomando un cariz no muy apropiado para extender el bolchevismo),urdió un plan para boicotearla y así,conociendo el carácter del generalato español,provocar lo que sucedió en julio de 1936……lo demás ya lo conocemos…..la sublevacion de los militares fué la excusa perfecta para que la izquierda revolucionaria tomara las riendas de una república ya inexitente,y en nombre de su defensa y contra el fascismo y nazismo italiano y alemán que apoyó a los sublevados,LLEVAR A CABO SU SUEÑO ANSIADO DE UNA REVOLUCIÓN en la zona no sublevada……
y en el centro del huracán extremista,una mayoría de españoles que se infectaron por el virus de la locura atroz y sanguinaria que fué la guerra civil fratricida…..el noble y buen pueblo español enloqueció…….