Cuando se mezclan en la misma proporción religión, fanatismo, política, caspa, puro y toros, y se agita en la coctelera de la cabeza “iluminada” de alguien que se hace llamar de derechas pero que en realidad representa solo a una minoría de esa derecha que dice ser, de esos que nos recuerdan a tiempos pasados, pues el hijo “contranatura” que sale solo puede ser una bestia multicéfala de chorradas y estupideces.

Evidentemente un personaje que escribe títulos tan cristiano católico apostólico como este no merecen mi más mínima atención
Y esto ocurrió en un artículo del Sr. Juan Manuel Prada Blanco (o “de Prada” como parece ahora tan de moda ponerse por la cara como si por un pequeño “de” se pudiera saltar una aristocracia ficticia) publicado en ABC el pasado mes de Noviembre, en donde sinceramente no se si da una a derechas, o simplemente su artículo fue producto del vino al cual parece ser tan amigo en “el gato al agua”.
No conozco más escritos de este personaje (ya que una novela llamada “coños” no es de mi interés intelectual), ni estoy criticando su trabajo que después de leer esto me importan ciertamente bien poco, estoy criticando este escrito puntual ya que sinceramente creo que insulta a una gran parte de la inteligencia de este país, y hace que la indignación suba por la vena a cualquiera que tenga un poquito de sentido común entre los cuales me considero que estoy.
Así que primeramente, leamos su texto:
DURANTE siglos, la execración de las corridas de toros, como la execración de la conquista de América, fue lugar común entre los promotores de la llamada «leyenda negra», que en esencia era propaganda anticatólica.
A los promotores de la «leyenda negra» les gustaba pintar a Moctezuma y Atahualpa como bondadosos salvajes, aunque supiesen que en realidad arrancaban corazones palpitantes y bebían a morro sangre de la carótida de sus víctimas; pero lo que los promotores de la «leyenda negra» combatían, bajo el disfraz roussoniano, era la evangelización de América, que entre otras cosas sirvió para que los indios no compartieran el destino secular de esclavitud que los conquistadores protestantes asignaron a los negros del África.
Del mismo modo, a los promotores de la «leyenda negra» les gustaba pintar al toro bravo como un animalito dulce que pastaba margaritas y madrigales en un prado, aunque supiesen que en realidad era un animal fiero y embestidor; pero lo que los promotores de la «leyenda negra» combatían, bajo el disfraz bucólico, era la subsistencia de una fiesta católica, «el espectáculo de un pueblo religioso acostumbrado por su sangre a pasearse con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá», que es como muy certeramente definió Agustín de Foxá las corridas de toros.
Los toros sólo son comprensibles desde el genio católico, que es el único capaz de concebir una religión donde cuerpo y alma vayan juntos de la mano, paseándose con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá. Las religiones paganas (religiones con cuerpo, pero sin alma) crean el deporte; las religiones espiritualistas (religiones con alma, pero sin cuerpo) crean el yoga: unas y otras huyen de la muerte como de un nublado, bien mediante el frenesí corpóreo, bien mediante la sublimación y la ataraxia. Pero la religión católica afronta la pujanza de la muerte con gallardía, porque cree en la resurrección de la carne; y por eso el genio católico se toma la muerte muy en serio, tan en serio que la expone a la luz del sol en su cruda realidad dramática -desnudo redondel de arena-, pero a la vez muy en broma, tan en broma que la viste de domingo -trajes de seda y lentejuelas, quiebros de percal-. Los toros son, en fin, una sencilla catequesis con música de clarines; y sólo puede disfrutarlos quien es católico, aun sin saberlo.
Y, del mismo modo que disfrutar plenamente de la fiesta de los toros sólo puede hacerlo un católico (aunque no sepa que lo es), perseguirla con saña y anhelar su prohibición sólo puede hacerlo un católico vuelto del revés. Al pagano o al espiritualista una corrida de toros le resulta ininteligible, tan ininteligible como al budista o al ateo le resulta el crucifijo que se expone en una pared; para revolverse furiosamente contra los toros, como para revolverse contra un crucifijo, hace falta odiar algo en lo que íntimamente crees, algo que íntimamente entiendes. Luego ese odio se puede disfrazar de coartadas ideológicas varias; y así, el que odia el crucifijo se envuelve en la coartada de la libertad religiosa ofendida, como el que odia los toros se envuelve en la coartada animalista. Ahora hay quienes, para contrarrestar ese odio disfrazado de coartadas ideológicas, defienden los toros recurriendo asimismo a la coartada ideológica, y nos recuerdan que los toros también les gustaban a Picasso o a Companys (quienes, a su pesar o sin saberlo, eran católicos); pero la defensa que de ahí salga será una adulteración de la fiesta nacional, y las plazas que sigan abiertas gracias a esa defensa serán -como anticipó Foxá- «estadios de cemento, con altavoces y alegres anuncios de naranjadas sobre la puerta del toril, por donde antes salía la Muerte». O sea, el antiguo rito de un pueblo acostumbrado a pasearse con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá convertido en un espectáculo en technicolor para horteras.
Sinceramente no harían falta más comentarios que sus propias palabras, pero los insultos a la inteligencia son tantos y tan variados, que por lo menos merecen algún tipo de réplica.

Si a usted le horroriza esto y está en contra de este asesinato, es que no es un buen católico, según este "iluminado"
Primeramente nos mezcla religión católica y toros, que es como querer mezclar agua con aceite, más que otra cosa porque estos defensores del no se que religión católica (ya que la verdadera religión cristiana católica nada tiene que ver con esto) no deben de conocer a San Francisco de Asís, gran defensor de los animales, personaje que no me imagino aplaudiendo a las 5 de la tarde viendo como acribillan salvajemente un pobre animal para divertimento de la plebe menos evolucionada como especie mientras un “iluminado” le explica lo “católico” que es el evento que está viendo.
Una persona que disfruta con el sufrimiento de otro ser vivo, como poco se la puede llamar salvaje, entonces ¿Qué me viene a decir de catolicismo y toros? O este personaje se piensa que iglesia católica es ese cura de pueblo de los de “a Dios rogando y con el mazo dando” que por suerte ya no “mandan” en este país. No confundamos tocino y velocidad por favor.

Algunos políticos rancios han querido convertir el NO a las corridas de toros en Cataluña como un acto independentista en contra de España y la religión católica. ¿Se puede ser más hipócrita?
Que nos quiera meter “el toreo” como una especie de religión ya raya lo grotesco y debería poner en pie de guerra a todos los católicos que piensen que las corridas de toros son una salvajada. El autor, en un momento del escrito, se enfrasca en una disertación del más allá, alma y toro de la mano, alcanzando un momento “ininteligible” de sofismo taurino solamente entendible por mentes “iluminadas” como la del autor, que quizás en una dimensión más elevada tenga sentido, pero en nuestras 3 dimensiones solo son una mezcla de estupideces.
Empeñado en “fundir” toreo y religión tiene la poca vergüenza de afirmar que “disfrutar de la fiesta de los toros solo puede hacerlo un católico aunque no sepa que lo es…” en fin, que mal quieren algunos a la iglesia católica, de verdad…
Y para finalizar, lo que no se puede es hacer demagogia barata, pero de la del top manta, diciendo que aquel que va contra las corridas de toro es que va contra la iglesia y contra el crucifijo, de verdad ¿este señor lo dice en serio? Insultando a millones de católicos de TODO EL MUNDO, QUE NO SOLO SON CATOLICOS LOS ESPAÑOLES, gente católica del mundo y de España que les espantan las corridas de toros, queriendo hacernos creer que es lo mismo ir en contra de este asesinato que ir en contra de la iglesia católica, pero ¿Qué tendrá que ver una con otra? Nada… el mismo nada que en resumen es este escrito, una execración a la inteligencia.
Por cierto, Benedicto XVI, el Papa al cual los católicos deberían de respetar y seguir sus directrices dijo que “los tiempos en que los animales eran inmolados a Dios se han superado”, y me pregunto ¿para cuando se acabarán los tiempos en los cuales los animales sean inmolados para el disfrute del hombre? O es que algunos se piensan que son más importantes que Dios.
Pericogonoperro.


















No me gusta Prada, comparto la idea de que se trata de una persona retrógrada, aunque como habitual lector del semanal de la oficina, a veces hasta le soporto.
Pero esto ya roza lo increíble. Sólo achacable a un abuso de drogas.
No cabe otra explicación. Bueno, sí, cabe otra, pero supone una descalificación personal (aunque quizá merecida) y no me apetece buscarme problemas legales…
Antiguo.
Después de leerlo, no sabía si reir o llorar… pero lo que más me sorprende es que un periódico como el ABC, con tantos años en la prensa española a sus espaldas, en el que han escrito grandes plumas, haya publicado semejante cosa…
Está “bueno” el mundo taurino cuando tienen que recurrir a semejantes defensores y a este tipo de escritos… me parece que sus días de “esplendor” hace mucho que pasaron ya, y ahora se dedican a vivir de las subvenciones…
Y qué tendríamos que decir de los curas castrenses. Que hace una persona que defiende la vida entre personas que matan a otras personas. Y qué hace una religión pidiendo limosna para poder vivir teniendo los bienes que tiene acumulada la católica?. Os habeis fijado en las tiendas que venden objetos religiosos?, Cuando se acabará esta idolatría. En fin, con la iglesia hemos topado.
Este comentario debería ir en un post de dos calles más abajo, pero como está cerrado a ello (no sé por qué), lo escribo aquí, no sin antes pedir perdón por estropear tan precioso cuento de Navidad.
He leído a duras penas el artículo del señor Prada, y digo esto porque lo que ha escrito este señor acerca de los toros y los crucifijos se asemeja a más una diarrea mental acorde al intelecto de un borracho dominguero que al de un hombre inteligente y culto.
Y me gustaría puntualizar lo siguiente:
Lo que es España se llama “fiesta nacional” a todas luces es simple y llanamente una tortura brutal infringida a un animal inocente. Un acto propio de catetos sádicos, sin escrúpulos ni sentimientos. Más acorde con una incultura radical supina que con el refinamiento de una civilización avanzada.
Que en España las corridas de toros sean aceptadas como algo normal y hasta “¡¡¡¡festivo!!!!¿¡¡? , dice todo de nuestro avance social, cultural y espiritual como pueblo.
Y esto si que es una cruz.
Querida Mª Dolores.
Debes perdonar el cierre del post, pero aprovechando estos días estamos haciendo la migración del blog a un nuevo dominio, por lo cual hasta que no esté realizada del todo el traspaso tendremos algunos pequeños “problemas técnicos”. Esperamos que para este fin de semana estemos funcionando al 100% en el nuevo dominio.
Con respecto a tu comentario, piensas igual que la mayoría de la gente, lo que pasa es que las minorías en este país hacen mucho ruido, y si verdaderamente fuera una “fiesta nacional”, la gente iría en masa a las corridas y no tendrían que estar subvencionadas ¿o acaso el fútbol necesita de subvenciones?
Un saludo
Me parece bastante racional el artículo, aún admitiendo que pueda parecer exótico a ojos actuales (pero ese exotismo no es más que el velo que oculta prejuicios ideológicos).
Me gustaría aclarar que las tesis que mantienen la religiosidad de los toros no son nuevas, pero De Prada se obnubila con el catolicismo, aunque lo que dice al principio sobre la leyenda negra es bastante cierto. En realidad la tauromaquia constituye una institución religiosa por sí misma, donde el toro es el numen, y todo el ritual que habitualmente desprecian los antitaurinos (porque no entienden nada) es la expresión de la religación entre el hombre y el numen. Es decir, no es por católico por lo que es religión lo del toro, es porque su esencia misma es religiosa. También hay tesis que defienden que la tauromaquia tiene que ver con el totemismo, según lo entendía Freud en “totem y tabú”, pero el totemismo funcionaba de otra manera, aunque es interesante leer lo que dice Freud porque el parecido entre el ritual totémico de comerse al padre -según decía el viejo Sigmund- y la tauromaquia misma está bastante cercano en algunos puntos
Si a usted le parece racional este artículo, entiendo entonces que también le parecerán muy racionales todos aquellos que defiendan la religiosidad de los sacrificios rituales, no?
Entonces debería aprobar los sacrificios humanos que realizaban muchas culturas en la antigüedad, como expresión de religiosidad… Y está clarísimo que quien critique los sacrificios humanos, estará como los antitaurinos, “que no entendemos nada”.
Siguiendo su argumentación, si las costumbres arcaicas y superadas ya, de la antigüedad, como la esclavitud, las luchas a muerte de gladiadores, las quemas de la inquisición, o los sacrificios humanos también nos parecen muy exóticos a los ojos actuales… sera que según usted, ese “exotismo no es más que el velo que oculta prejuicios ideológicos”.
Y para terminar, vuelvo a recordar otra vez la expresión de Benedicto XVI, que afirmaba que “los tiempos en que los animales eran inmolados a Dios se han superado”, y me pregunto ¿para cuando se acabarán los tiempos en los cuales los animales sean inmolados para el disfrute del hombre? O es que algunos se piensan que son más importantes que Dios.
La tauromaquia es a la religiosidad, lo que el tocino a la velocidad.
El problema de este artículo es más en sí la cabida que le dan a este troll, Juan Manuel de Prada, enquistado en las publicaciones y la cultura.
Es la tercera vez que pierdo mi tiempo leyendo sus intentos de ecuación, siempre hipotecados con el talón de aquiles de la falacia. Se delata con el uso de “genio”, que veo desconoce el fondo de este término, además de la consecución de un católico que no se corresponde con lo que él describe.
La diarrea verbal de este hombre es propio de los que no entienden, de los que escupen a brochazos en el lienzo, pensando que el resultado es una obra de arte.
Saludos. Jose J.